sábado, 3 de noviembre de 2012

Estado, participio pasado





El mito, bajo el peso de la realidad, empieza a dar los primeros débiles signos de hundimiento.
Ocurre por fin y siempre más a menudo, también fuera de sótanos carbonarios y cenáculos privados, que la gente de la calle, el corazón de la sociedad real, ponga en tela de juicio unos tabú que la liturgia estatal ha sacralizado.

La seguridad, la justicia, la instrucción, la sanidad, por decir las más evidentes, las instituciones en donde la sustracción de espacios de libertad y de recursos nos devuelve burocracia y ineficiencia.

Hace tiempo, unos diez años, en mi período italiano había encontrado, frente a la evidencia del colapso del estado y de las instituciones -y el tiempo que ha pasado sólo ha empeorado si fuera posible la situación- este anónimo escrito:
Me deseo, os deseo, que cuanto antes sea abolido el estado. Ya está muerto adentro de mi hace un rato y afuera huele a cadáver: sería más correcto declarar públicamente su extinción para todos los efectos legales correspondientes.
Vivimos entre abultados escombros, sumergidos por las ruinas de un Estado que ya es el participio pasado del verbo estar: estado de avanzada descomposición.
Echamonos fuera de estas ruinas, ante que nos encubran definitivamente

En aquel tiempo, reconociendo los significados y los valores de libertad de la filosofía política radicalmente liberal ( no confundir con liberal en inglés), me convertí al extremismo libertario.
Podríamos vivir mejor sin estado, encargando el mínimo de los servicios a agencias y seguros privados para la salud, la defensa, la escuela; y luego es posible la solidariedad, la verdadera, la voluntaria, la personal, para quienes están peor, o la libre asociación con quienes tienen nuestra misma sensibilidad.

Esto para expresar y dar voz a un malestar que cunde entre la población, a una toma de conciencia que se viene madurando.
No es sólo la oposición a las injustas expropiaciones fiscales: sería restrictivo atribuir al puro utilitarismo el creciente desapego y contraposición al poder estatal. La novedad que me parece ver brotando es que, en la parte activa de la sociedad y en los lugares más expuestos, va subiendo el significado y el valor de la libertad individual, contra la prepotencia del dirigismo estatalista y del cientificismo que lo impregna.

Quien está por los temas libertarios interpretados como oposición al poder, como rechazo de la agresión contra los derechos naturales del individuo y de todas coercitivas imposiciones, reconoce como historicas (por el momento ineludibles pero finitas, en el sentido que tienen un término) las instituciones estatales y su legado de pequeñas y grandes tragedias colectivas de la epoca moderna.


P.D.
Lo de arriba es más palpable en los paises de Europa –los movimientos secesionistas estan a demonstrarlo- y de EEUU donde hay una larga tradición de individualismo y de independencia.
Menos en otros lados como México y Latinoamerica que todavía tienen un concepto mitológico del Estado como pueblos jovenes y recién nacidos a la Independencia y la Unidad Nacional.
Pero también en estos paises estoy viendo una toma de conciencia siempre más profunda frente al caudillismo, a la dictadura “democratica”, al paternalismo, a la demagogia, a las varias formas degenerativas del estado.

El proceso será largo pero desde siempre estoy convencido que el espiritu de la libertad es una semilla fecunda.



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